RIMA VII
Del salón en el ángulo oscuro,
De su dueña tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo,
Veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
Como el pájaro duerme en las ramas,
Esperando la mano de nieve
Que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
Así duerme en el fondo del alma
Y una voz como Lázaro espera
Que le diga «Levántate y anda»!
G. Adolfo Becquer

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